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Intersección entre la Convención de los Derechos del Niño/a y la Convención de Belem Do Pará

Por Dra. María Bressa

La Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer fue adoptada por la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos el día 9 de junio de 1994 en Belém Do Pará, Brasil y es conocida justamente como Belem do Pará.

En Argentina, Belem do Para es Ley desde 1996 y lleva el Nº 24.632.

Constituye un ejercicio sumamente interesante la propuesta de relacionar la Convención Internacional de los derechos del Niño/a (CDN) y la Convención de Belem Do Pará o Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la Mujer.

Pensar en las niñas desde la Convención Internacional de los derechos del Niño/a es reconocer las diferentes y desiguales condiciones en las que ellas, las niñas, ejercerán sus derechos, porque el reconocimiento de las diferencias y particularmente el reconocimiento de las desigualdades constituyen un punto de partida para la igualdad.

Pensar en las niñas desde la Convención de Belem Do Pará nos permitirá ver que esas condiciones de desigualdad que viven están atravesadas por la discriminación y la violencia de la que son víctimas las mujeres.

Nuestra perspectiva se apoya en los siguientes fundamentos consagrados en Belem do Pará:

  • La violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales (según lo establece la Cedaw).
  • Esta violencia limita total o parcialmente a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de tales libertades.
  • Y es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y varones.

Para analizar ambas Convenciones elegimos seis ejes a manera de grandes temas que nos sirven para contextualizar el ejercicio que pretendemos hacer hoy, cual es mirar a las niñas en la Convención Internacional de los Derechos del Niño/a a través de la mirada aportada por Belem Do Pará

  • VIOLENCIA Y ABUSO SEXUAL
  • PROSTITUCION – TRAFICO
  • TRABAJO INFANTIL – TRABAJO DOMESTICO
  • EDUCACION
  • DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS

VIOLENCIA Y ABUSO SEXUAL

La C D N no habla directamente de violencia pero enuncia el derecho del niño/a a no ser maltratado y a ser protegido del maltrato.

En varios de sus artículos (11, 19, 33, 37) plantea la necesidad de protegerlos de toda forma de perjuicios, abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos, explotación, incluido el abuso sexual, torturas, penas crueles, inhumanas o degradantes, secuestro y trata.

En la Cedaw, se acordó que los actos de violencia cometidos contra las mujeres constituyen violaciones a sus derechos fundamentales independientemente de que quien los cometa sea un agente de poder público o un particular, en consecuencia, los Estados Parte son responsables de todo acto de violencia de género debido a la negligencia en la que incurren en cuanto a evitarlo.

Esto fue retomado en Belem Do Pará incorporando como algo nuevo “el derecho a una vida libre de violencia”.

Y define a la violencia contra la mujer en su artículo 1º “como toda acción o conducta basada en su género, que causa muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”

Entendiendo que esa violencia puede ser física, sexual y psicológica, que puede suceder dentro o fuera de la familia o unidad doméstica y que comprende violación, maltrato, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución forzada, secuestro, acoso sexual en el lugar de trabajo (según reza el art. 2).

La C D N se fundamenta en PROTEGER de los malos tratos mientras que Belem Do Para se fundamenta en PREVENIR y ERRADICAR la violencia, lo que se traduce en apuntar a las causas de violencia contra la mujeres.

Entrecruzando ambas convenciones podemos ver que EDAD y GENERO se combinan y hacen de las NIÑAS el grupo más vulnerable a sufrir violencia. Estadísticas locales, nacionales e internacionales lo confirman.

Obviamente no decimos con esto que los niños no sufren violencia, sino que las niñas además padecen situaciones particulares, necesarias de visualizar y ser tenidas en cuenta.

Miles de mujeres en la región enfrentan fenómenos de violencia de género en forma generalizada. Amnistía Internacional nos habla de que a pesar de los Estados que ratificaron la Convención de Belem Do Pará aún hoy, en algunos países de América Latina, hay un alto grado de violación a sus preceptos. En el ámbito doméstico y de la familia las mujeres y las niñas sufren las más diversas formas de violencia.

Sabemos que la mayoría de los abusos sexuales en la infancia se cometen entre las paredes donde transcurre la vida de la familia. Esto tiene como agravante que el abuso proviene de aquellos que deberían protegerlos. También es cierto que por abrumadora mayoría las víctimas son niñas. La violencia y el abuso en las niñas tienen consecuencias específicas.

Respecto a la violencia sexual las consecuencias en la salud y la calidad de vida en la persona que ha sido víctima están documentadas y van desde serias secuelas psicológicas hasta enfermedades de transmisión sexual. Pero si la víctima es una niña debemos agregar otras consecuencias como el embarazo precoz, abortos en condiciones inseguras, esterilidad, muerte.

En nuestro país no son pocas las noticias periodísticas que dan cuenta de niñas-madres producto de violaciones y sus consecuencias. Con relación a la violencia familiar solo diremos aquí que si bien se dan casos de violencia contra todos los miembros del grupo familiar son las mujeres las principales víctimas.

Debemos mencionar, además, el asesinato de mujeres en manos de sus parejas alegando emoción violenta en una verdadera desigualdad de las consecuencias de la infidelidad cuando se trata de un varón o una mujer.

Merece una especial atención la violencia ejercida sobre las niñas con discapacidades.

Existe un creciente reconocimiento de que las personas con discapacidades – especialmente mentales – son particularmente vulnerables al abuso y explotación sexual.

Aunque no es fácil la recolección de datos, algunos estudios plantean que entre el 39 y el 83% de las niñas y el 16 y el 32% de los varones con discapacidades evolutivas son abusados sexualmente antes de llegar a los 18 años.

A los abusadores los encontramos tanto en la familia como en las instituciones de salud, hogares, refugios, internados, escuelas.

La relación siempre es la misma: quienes son percibidos con menor poder tienen mayores posibilidades de ser abusados.

Las niñas con discapacidades son particularmente vulnerables al abuso sexual, debido al imaginario sexista que las presenta al varón como jóvenes, inocentes, dóciles, ingenuas, deferentes, inexpertas, vírgenes y finalmente como alguien que no retará la autoridad masculina.

La falta de información acerca de la sexualidad y la violencia sexual, la dependencia física y psicológica, hacen de ellas un grupo altamente vulnerable; sería deseable que se comenzara a reportar más este tipo de abusos.

Otro ítem importante en cuanto a la violencia de la cual son objeto muchos niños/as es aquella que los lleva a los conflictos armados.

Cerca de 300.000 niños/as y adolescentes actúan en conflictos armados en diversos países del mundo de los cuales solo Afganistán no recluta niñas.

En nuestra América Latina, la situación más crítica se vive en Colombia, donde unos 14.000 están involucrados con grupos armados sean éstos guerrilleros o paramilitares de los cuales un tercio son niñas - expuestas a todo tipo de violencia-, luchan, son utilizadas en trabajos logísticos y son además víctimas de barbarie sexual.

Las secuelas del combate listadas por UNICEF son amplias y penosas para ambos sexos: agresividad, ansiedad, depresión, sida, aparte del atraso escolar y el aislamiento.

A todo esto se agrega, en el caso de las niñas, problemas específicamente femeninos, como lesiones vaginales, embarazos, abortos, agregando así un plus de sufrimientos.

No podemos cerrar este punto de violencia sin mencionar el art. 5to de Belem do Pará en cuanto establece que la violencia contra la mujer impide y anula el ejercicio de sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, consagrado en otros instrumentos internacionales de derechos humanos.

PROSTITUCION - TRAFICO

La C D N establece el compromiso de los Estados Parte a proteger al niño/a contra todas las formas de explotación y abusos sexuales (art. 19) tomando las medidas que impidan la explotación en la prostitución u otras prácticas sexuales ilegales, y la explotación del niño/ña en espectáculos o materiales pornográficos (arts. 34, 35 y 36); el secuestro, la venta o la trata de niños/as para cualquier fin o de cualquier forma.

Si bien Belem do Pará no aborda directamente la problemática de la prostitución y trata de personas, podemos decir que sus fundamentos son el marco para nuestro análisis ya que entendemos que la prostitución es fundamentalmente una expresión de poder y constituye una de las formas más extremas de violencia contra las mujeres.

Como ya vimos, Belen do Pará reconoce en su preámbulo que la violencia contra las mujeres es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre varones y mujeres.

Esta concepción impregna todas las esferas de la vida y particularmente la sexualidad donde tiene su enclave más profundo, arraigándose desde muy temprana edad la creencia de que los varones tienen el derecho y la necesidad de acceso al cuerpo de la mujer y no viceversa.

El recurso de la prostitución es una de las tantas formas de violencia contra las mujeres, remite a una estructura común en la cual el deseo de uno solo y un solo deseo es ley.

Belem do Pará se pronuncia en sus arts. 6 y 8 contra esta construcción social de la masculinidad y femineidad basada en prejuicios y patrones estereotipados de comportamiento cuando exige el derecho de ser educada libre de patrones culturales basados en la inferioridad y subordinación.

En este punto, los medios de comunicación, reproducen y crean las imágenes de mujeres objeto, consumibles, deseables, apropiables y los varones como sujetos consumidores especialmente en la sobreerotización del cuerpo femenino joven y cada vez más joven.

Un monitoreo sobre los derechos de las niñas y niños debe prestar especial atención al sexismo en los medios.

Otro tema al que hay que prestar especial atención es a la explotación de las niñas en el turismo sexual.

La búsqueda incesante de nuevas formas de explotación sexual por parte de varones, ha hecho que la prostitución asociada desde tiempos inmemoriales al cuerpo femenino, dirigiera su foco al reclutamiento de niñas/os, llegando por lo tanto a una verdadera explotación infanto-juvenil.

Dice Eva Giberti que “el cuerpo de las niñas y el de las adolescentes es el territorio donde transitan los clientes que las eligen porque son más seguras, están más sanas y porque son obedientes y manipulables“.

La verdad es precisamente lo contrario, debido a su vulnerabilidad y debilidad, los niños prostituídos son forzados a menudo a tener relaciones con más clientes de los que podría aceptar un adulto, tienen menos poder para exigir al “cliente” el uso de preservativos, además son físicamente más vulnerables a las infecciones ya que pueden tener lesiones internas más fácilmente debido a la violencia con que son tratados y sus jóvenes membranas son más porosas.

Además, siempre constituyen una novedad, especialmente por lo exótico cuando se buscan niñas/os afrodescendientes, indígenas, los que son sometidos a la violencia degradante de la prostitución por un varón ansioso de poder y que finalmente llega a ser naturalizado hasta por las mismas víctimas que lo admiten como un trabajo más para llevar un pan a su casa.

La concepción laborista no solo atraviesa a clientes y niñas prostituídas, la OIT también considera que la prostitución es un trabajo para las niñas, aunque esté dentro de las peores formas de trabajo infantil, concepto que hay que revisar porque no podemos oponernos a la prostitución infantil y luego considerarla como un trabajo.

Si bien en este espacio no vamos a trabajar con estadísticas vale la pena decir que cada vez son más los niños/as (éstas en mayor proporción) ofrecidos en el circuito de la prostitución y que, además, bajó la media de edad encontrándose la misma entre los nueve y doce años.

Entre las causas, podemos señalar como factor preponderante la situación económica asociada obviamente al desempleo, la falta de capacitación, la violencia social, familiar, el abuso sexual, drogadicción, delincuencia, desplazamiento forzoso en aquellos países que mantienen conflictos armados.

Entre las consecuencias, tenemos las físicas de larga duración en donde predominan las golpizas, maltratos, quemaduras además de infecciones renales, enfermedades de transmisión sexual y, en el caso de las niñas debemos agregarle cáncer cervical, embarazos precoces y continuados, abortos inseguros.

Entre los padecimientos psíquicos, algunos de ellos son compartidos con aquellos sufridos por los veteranos de guerra como el sídrome de estrés postraumático. También suelen sufrir aumento de sensación de desamparo, pérdida de la autoestima, depresión que lleva a intentos de suicidio y a un alto nivel de consumo de drogas y alcohol.

Son traumas violentísimos si pensamos que son niños/as a los cuales se los priva de su niñez y libertad, para servir a varones adultos, turistas, pedófilos provenientes generalmente de países desarrollados o de las clases altas de sus propios países.

Otro tema alarmante es el tráfico de mujeres niñas y niños. Según datos de Naciones Unidas se estima que el tráfico de personas mueve anualmente entre 5 y 7 billones de dólares y 4 millones de personas. El tráfico o trata no es exclusivamente para fines de prostitución y explotación sexual, también lo es, pero en una proporción mucho menor, para colocación en trabajo doméstico.

En nuestra región, es decir en América Latina y el Caribe, el tráfico de mujeres, niños y niñas se hace recurriendo a métodos de engaños y violencia para intimidar a las víctimas reteniéndoles sus documentos, imponiéndoles deudas por alimentos, gastos de transporte, alojamiento, aprovechando muchas veces la situación de migrantes sin documentación para permanecer en el país.

Las estrategias para la erradicación de la trata tiene que focalizarse como punto ineludible en combatir la pobreza, la inseguridad y la violencia de género o violencia contra las mujeres que son sus causas. Todo ello en un enfoque obviamente diferente de aquel que intenta conectar migraciones y trata justificando así las políticas de restricción en una supuesta protección de las víctimas

Mujeres y niñas son vistas especialmente como mercancías.

El tráfico acarrea para las niñas y las mujeres una constante violación a sus derechos humanos: explotación sexual, sometimiento a condiciones precarias de vida, malnutrición, asistencia sanitaria nula o clandestina, violencia física o psicológica agravada por embarazos forzados e incluso muerte a manos de las mafias para quienes intentan liberase.

Por último queremos señalar como lo advierte la Dra. Susana Chiarotti:

“en el delito de trata de mujeres, suele pasar algo similar a lo que ocurre con lo delitos de violencia sexual, es decir la víctima termina siendo la acusada … El eje de la investigación se desvía del acusado a la víctima y se focaliza en la conducta de ésta última, sus antecedentes y sobre todo en lo relativo a su vida sexual”.

TRABAJO INFANTIL - TRABAJO DOMESTICO

La C D N dispone en su art. 32 que los Rstados parte deben diseñar medidas de protección tendientes a evitar que los niños y las niñas desempeñen trabajos que sean peligrosos para su desarrollo o que obstaculicen su educación.

Las medidas a adoptar consisten en normas en cuanto a la edad mínima para trabajar, horarios y condiciones apropiadas de trabajo con sanciones efectivas para los empleadores que no las cumplieren.

Uno de los lados más oscuros de la crisis socioeconómica en nuestro país es el aumento del trabajo infantil.

En Argentina, un informe avalado por UNICEF, da cuenta que casi dos millones de niño/as entre 5 y 14 años se ven obligados a trabajar para sobrevivir, esta cifra es anterior a la crisis del 200, lo que hace pensar que la misma creció.

La mayoría de los niños trabajan en las grandes ciudades en diversas actividades que van desde la construcción a emprendimientos familiares, pequeños talleres, hacen tareas domésticas o son cartoneros junto a su familia

También niñas y niños son utilizados en el campo en tareas agrícolas, muchas veces en jornadas largas y agotadoras y en condiciones de explotación.

Los arts. 36 y 39 se refieren al trabajo infantil como una forma de explotación y advierte a los Estados acerca de las medidas para proteger a niños y niñas de esta forma de explotación económica así como de las medidas a tomar para promover la recuperación de quienes han sido víctimas de la misma.

El trabajo infantil profundiza las desigualdades, violando el ejercicio de los derechos humanos, es el factor principal del ausentismo y bajo rendimiento escolar, los niños y niñas que trabajan pagan un alto costo ya que llegan a la mayoría de edad disminuídos física e intelectualmente.

Roba a los niños y las niñas salud, educación y en muchas ocaciones su vida.

Hay dos aspectos del trabajo infantil que afectan especialmente a las niñas y adolescentes a los cuales hay que prestar atención: el trabajo infantil en el hogar y las trabajadoras domésticas.

La crisis incrementa el trabajo en el hogar e involucra especialmente a las niñas.

El trabajo doméstico ni siquiera es considerado como un trabajo, sin embargo son la mujeres quienes le destinan más tiempo con el consiguiente sobrecargo de actividades.

La niñas, especialmente las mayores, son quienes realizan un trabajo que no por invisible es inexistente, como por ejemplo hacerse cargo de sus hermanos menores, llevarlos a la escuela, a los comedores, cuidar de los bebés, los enfermos, los ancianos, realizar tareas de comiday limpieza, con el consiguiente deterioro de su salud, su educación y su recreación.

Este aspecto no suele ser focalizado y explica en parte la deserción o el fracaso escolar de las niñas mayores.

De investigaciones realizadas con niñas menores de 12 años sobre este tema surge que no lo perciben como un trabajo y sí como una ayuda familiar aún cuando se destinen muchas horas en el día para ello y vaya en detrimento de su salud y su educación.

Niñas y adolescentes trabajadoras domésticas

Estas niñas y adolescentes se encuentran desprotegidas al encontrarse su trabajo invisible para los entes gubernamentales, ya que no existe un real control de horas de trabajo, condiciones del mismo y salario.

Enfrentan además múltiples discriminaciones por ser niñas, por ser pobres, por ser rurales algunas y otras por ser indígenas.

En América Latina y en nuestras provincias más conservadoras nos sobran ejemplos de niñas en el trabajo doméstico que tienen jornadas de más de 16 horas sin tener acceso a educación alguna habiendo cumplido solamente dos o tres años de escolarización y finalmente abandonar

En estas condiciones trabajo y escuela son incompatibles.

La historia de las niñas trabajadoras domésticas provenientes de zonas rurales está atravesada por el aislamiento y el desarraigo encontrándose en una situación más vulnerable cuando además su trabajo no es reconocido como merecedor de un pago justo.

Si una niña o adolescente rural entra al servicio doméstico en la ciudad existen expectativas puestas en conseguir una mejor educación debido al mayor acceso a la escuela que se tiene en la ciudad.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, la realidad es muy distinta, sufriendo estas niñas diversas violaciones a sus derechos como niñas.

El derecho al descanso, sea diario o semanal, es uno de los menos respetados ya que al estar permanentemente con la familia dadora de trabajo los horarios se incumplen.

Si atravesamos esta realidad con Belem do Pará vemos:

Que existen además de las condiciones de explotación que padecen niñas y adolescentes como trabajadoras domésticas situaciones de violencia tanto en el trato, como abusos y violaciones reiteradas por parte de los varones del hogar porque además, en muchas de estas familias, se ve con buenos ojos que los jóvenes de la casa se inicien sexualmente con estas niñas.

Finalmente podemos concluir diciendo que:

Considerar a las mujeres y a las niñas las responsables en última instancia de los trabajos domésticos constituye una mirada estereotipada y discriminatoria fruto de la desigual distribución del trabajo y que sigue siendo una larga cuenta pendiente en toda la sociedad y a la que refieren los arts. 6 y 8 que a continuación veremos al hablar de educación en las dos convenciones.

EDUCACION

La C D N reconoce el derecho a la educación la que debe ser obligatoria y gratuita en su faz primaria y fomentando el desarrollo de la enseñanza secundaria y superior, en igualdad de oportunidades y alentando medidas que terminen con el analfabetismo y la deserción escolar (art. 28).

Estará encaminada a desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño/ña hasta el máximo de sus posibilidades, inculcando el respeto por los derechos humanos y preparándolos para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad entre los sexos, amistad entre los pueblos entre otras cosas, según establece el art. 29.

En Belem do Pará encontramos dos artículos que se relacionan con la educación:

El 6to. reconoce el derecho de toda mujer a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación.

El art. 8 inc b, establece que los Estados Parte convienen en adoptar medidas específicas para modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres incluyendo un diseño de programas de educación formales y no formales, con el objetivo de contrarrestar prejuicios y costumbres, como así también los papeles estereotipados que legitiman o exacerban la violencia contra la mujer.

Ambos artículos permiten la visualización de algunas cuestiones que por su permanencia y fuerza suelen permanecer naturalizadas en nuestras culturas. Pero a través de una mirada más compleja se pueden reconocer las diferentes condiciones en que tanto niñas y niños podrán ejercer el derecho a la educación.

La escuela junto con la familia, son dos espacios de socialización privilegiados, en ellos se reproducen, se legitiman y se crean las desigualdades sociales.

Si bien al ingresar a la escuela el niño/a trae un bagaje sobre la identidad de género, es en este espacio donde (no siempre de manera explícita) terminarán legitimando los discursos sexistas.

Ya que la transmisión de contenidos no es neutra, a través de ellos se transmite también una determinada manera de percibir la realidad y al hacerlo se procura moldear valores, actitudes, comportamientos que se espera sirvan de identificación a los futuros adultos.

A manera de ejemplo podemos aquí señalar dos ejes.

Uno con relación a los contenidos que se transmiten. Advierten las investigaciones que las recurrentes imágenes de las mujeres asociadas al cuidado infantil y al mundo doméstico siguen siendo una constante en los libros de texto escolares. Esta ausencia de mujeres en otros ámbitos de trabajo refuerza el modelo tradicional y falsea la realidad del futuro profesional de la niña.

Salvo excepciones, los textos escolares no alientan la incorporación de mujeres al mundo extradoméstico, sea laboral, de participación pública, política; más bien anima a la permanencia de la división sexual del trabajo, los varones liderando la producción y la mujeres la reproducción.

Si bien vemos que paulatinamente las mujeres se van incorporando, no sin salvar dificultades, al mundo laboral de los hombres, ¿cuántas posibilidades tienen las niñas de soñar con ser maquinistas de trenes, pilotos de aviones, científicas, astronautas en lugar de madres, docentes, vendedoras, enfermeras?.

El otro eje tiene que ver con la relación a los valores y modelos de comportamiento. Las pautas culturales que interiorizan las niñas y niños se encuentran legitimadas en los que se ha dado en llamar o denominado la curr{icula oculta (o sea en los espacios de juego, recreo, diálogos).

En ellos los varones corren, pelean, ocupan los espacios centrales juegan, porque ellos, se dice ,son más activos, racionales, traviesos.

Las mujeres conversan, cantan, juegan tranquilas en espacios periféricos, ellas son más sensibles, ordenadas, cuidadoras, pasivas.

Aún cuando en la realidad encontremos todo lo contrario, no dejará de tomarse como una excepción.

La valorización permanente de lo racional sobre lo emocional en el ámbito escolar conjuntamente con la asociación de lo masculino a lo racional y lo femenino a lo emocional, tiene consecuencias en la autoestima de las niñas, quienes de alguna manera consideran los razgos femeninos como inferiores.

Sin embargo, estas construcciones asimétricas afectan también a los varones, exigiéndoles determinados comportamientos y privándolos de nuevas posibilidades.

El art. 29 de la C D N señala que la educación del niño y la niña debe estar encaminada a prepararlos para asumir una vida responsable en una sociedad libre con espíritu de igualdad entre los sexos y para ello es fundamental eliminar los estereotipos en los libros de texto y prestar un especial cuidado a la hora de formar docentes.

Otras problemáticas que complejizan las diferentes condiciones donde niñas y niños ejercen su derecho a la educación lo constituyen el acceso a las escuelas en áreas rurales.

Para visualizar a la niñez en el área rural es fundamental tener en cuenta que existen dificultades en acceder a las escuelas, porque son insuficientes o distantes.

Las niñas en áreas rurales no disponen de tiempo suficiente y condiciones para estudiar. Están sobrecargadas de responsabilidades domésticas, sin tiempo para ir regularmente a clase; esto se agrava siempre con las hermanas mayores.

Las niñas disponen –en su ciclo de vida– de un tiempo muy limitado para ser estudiantes. Asumen tempranamente roles y responsabilidades de adultos y cuando el desarrollo fisiológico las convierte en mujeres deja de ser natural que continuen su escolaridad.

Las niñas más grandes son objeto de burlas y maltratos en el aula, no se sienten a gusto, lo que se asocia a las bajas expectativas puestas en los aprendizajes de ellas y tienen un efecto negativo al menoscabar su autoestima.

Al trato desvalorizador se agrega la carencia de ambientes adecuados y motivadores, pensados desde los intereses y necesidades de las niñas.

Todo se agrava cuando estas niñas poseen algún grado de discapacidad o pertenecen a grupos étnicos, religiosos o políticos que son discriminados.

DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS

La C D N ha supuesto una transformación radical en la percepción de la infancia al consagrar para todas la personas menores de 18 años los derechos humanos, pero además, en razón de la vulnerabilidad a que está sujeto quien se encuentra en pleno proceso de formación, se le reconoce una protección especial, integral para que puedan crecer y desarrollarse plenamente y prepararse para la vida independiente en la sociedad.

Decimos que el cambio que conlleva es radical porque hoy, el que no cumplió 18 años también es persona, ser niño/a, ser adolescente no es ser menos persona.

Infancia y adolescencia son formas de ser personas, tienen igual valor que la etapa adulta de la vida.

Lo diferente pasa por la característica de estar creciendo y depender del cuidado de los mayores mientras este proceso de crecimiento se acaba. Esta dependencia da a los adultos un poder que fue ejercido abusivamente en infinidad de veces.

Un límite a esto es la llamada potenciación de los derechos, la cual está sustentada en los principios de interés superior de la infancia y de la autonomía progresiva del ejercicio de tales derechos.

Además, lo nuevo en la C D N es el derecho a participar, lo que trae consigo el derecho a la información y a tener opinión respecto de las decisiones sobre su propia vida según lo establecen los arts. 12 y 13.

¿Como relacionamos todo lo dicho con los derechos sexuales y reproductivos y con Belém do Pará?

Entendemos a los derechos sexuales y reproductivos como parte de los derechos humanos. Tal vez el más humano de los derechos. Implica por lo tanto la eliminación de la violencia, en todas sus formas (discriminación, violación, prostitución, abuso …) y la posibilidad de expresar la sexualidad libre, independientemente de la reproducción, en el marco de las relaciones basadas en la igualdad, el placer mutuo y la responsabilidad.

Entendiendo que cada niña o joven es dueña de su propio cuerpo y tiene el derecho a vivir su sexualidad. Si tenemos en cuenta que tanto niñas/os y adolescentes tienen el derecho a participar y ser escuchado sobre las cuestiones que lo involucran, se deben revisar las dificultades y obstáculos que no le permitan ejercer plenamente sus derechos sexuales y reproductivos

Entre las dificultades que vemos y que necesitan ser registrados:

  • Falta de información sobre anticoncepción y falta de acceso a la misma.
  • En la mayoría de los centros de salud se informa deficitariamente o no se informa sobre métodos anticonceptivos a los jóvenes si no van acompañados por personas mayores.
  • Falta de educación en derechos sexuales y reproductivos en los programas educativos.
  • Dificultad en el acceso a información sobre el daño a la salud de la niña que puede causar un embarazo precoz.
  • Ausencia de sus voces en diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas que involucren su sexualidad.
  • Violencia sexual y violencia durante el noviazgo.
  • Si bien estos obstáculos los atraviesan niñas y niños y adolescentes por igual.

Los embarazos adolescentes, las enfermedades de transmisión sexual y la violencia dan cuenta en el cuerpo y el desarrollo de las niñas y adolescentes.

El monitoreo de la violación de los derechos sexuales y reproductivos de las niñas y jóvenes tiene que tener en cuenta la permanencia de los estereotipos o pautas culturales basadas siempre en la permisividad hacia los varones y el control hacia las mujeres.

Es fundamental llamar la atención de los Estados en su compromiso para erradicar estas pautas, sensibilizando (a través de campañas por ej.) a los varones en la responsabilidad sobre su comportamiento sexual tal como se comprometieron en los arts. 6 y 8 de Belem do Pará.

El lugar de la escuela en la erradicación de estos estereotipos juega un papel importantísimo que no debe ser soslayado.